
¿Qué es una cata a ciegas y para qué sirve?
Por obvio que pueda llegar a parecer, el título de esta nueva entrada no hace referencia a un sistema de testeo en el que los ojos de los participantes se encuentran vendados. Entrando en materia, una cata a ciegas es aquella que evalúa diferentes muestras de vinos sin conocer qué etiquetas concretas se han servido.
La única diferencia que existe con otros tipos de catas es que, inicialmente, se desconocen los datos concretos del vino que está en la copa mientras que, al mismo tiempo, se siguen los pasos habituales del proceso tradicional.
Para qué se realiza: objetivo de una cata de vinos a ciegas
La finalidad de esta práctica es dejar de lado los prejuicios y opiniones previas formadas sobre un determinado producto. Resulta muy útil para no hacer caso a las preferencias personales de cada participante y obtener conclusiones lo más objetivas posibles.
Además, los también conocidos como ‘blind testing’ sirven para definir en qué posición o rango debe colocarse un vino cuando comienza su venta en el mercado y, sobre todo, para agudizar los sentidos y marcar parámetros que permitan señalar otros aspectos importantes del vino, como su origen o sus aromas.
Cómo organizar una cata de vinos a ciegas
En cuanto a su desarrollo, no esperes encontrar grandes diferencias entre este modelo de cata y otras más comunes como, por ejemplo, una cata vertical u horizontal.
Tan solo se necesitan diversas copas de igual medida para todas las muestras y número de catadores, un recinto ventilado y luminoso, libretas para realizar anotaciones, agua, galletas neutras y todos aquellos objetos adicionales que se precisen para que cada uno pueda realizar correctamente su trabajo.
Por otro lado, en cuanto al orden, es muy importante que se siga un criterio, ya sea por cosecha, por estilo de vino o por cepa. El hecho de que sea a ciegas no significa que los vinos se deban servir de forma aleatoria e incoherente, puesto que eso puede traducirse en unos malos resultados.
De todos modos, la verdadera clave está en que la persona encargada de organizar y servir las muestras lo haga cuidadosamente, sin que el resto descubra qué vinos son para no condicionar sus valoraciones.
Cata a ciegas: cuidado con todos los detalles
Sin querer hacer trampas de forma premeditada, es muy típico que algunos catadores tengan los conocimientos suficientes para saber de qué vino se trata sin ni siquiera tener que probarlo. Muchos de ellos disponen de mucha información sobre formatos de botellas, corchos, cápsulas o colores. Por ello, lo más recomendable es que todas las muestras se cubran con sumo cuidado, sin dejar ningún aspecto sin ocultar.
Sin embargo, tampoco es aconsejable que la cata sea totalmente a ciegas, con escasez de información, es decir, siempre es bueno compartir algún dato sobre lo que se va a degustar: origen, cosecha, rango de precios… Con estos detalles, el catador puede orientar, más o menos, su resultado según la intención que tenga el organizador de la cata a ciegas.
Trucos para catar vino a ciegas
Algunos vinos son mucho más fáciles de reconocer que otros. Por ejemplo, en muchos de ellos su color o sus sabores son muy obvios, aportando directamente datos claros acerca de su procedencia, proceso de elaboración o bodega.
Un buen truco para evitar que esto suceda es repetir la muestra dentro de una misma tanda. Así, se desconcierta a los catadores, que pensarán que son vinos diferentes, y se les obliga a afinar aún más sus sentidos con el objetivo de extraer un resultado parecido para ambas copas.
Por último, te recomendamos que te decantes por las copas negras, ya que aseguran la objetividad y la máxima concentración en la propia cata. Si no cuentas con la vista como primer estímulo, existe la necesidad de emplear el resto de sentidos. Además, las copas oscuras no solo imposibilitan conocer el color, sino que, a simple vista, tampoco se reconoce la presencia de gas carbónico o sedimentos del vino.
