
Consejos y trucos para analizar el color de los vinos blancos
Cuando hablamos de vinos, cada persona tiene sus propias preferencias. Se dice siempre que “en la variedad está el gusto”. Sin embargo, ¿alguna vez te has parado a analizar de dónde procede el color de los vinos blancos? Por ello, te proponemos un breve recorrido por esta característica esencial, teniendo en cuenta algunos conceptos como la calidad, el proceso de elaboración y la edad.
En primer lugar, es importante saber que los colores de un vino pueden presentar notables variaciones en función del añejamiento, la concentración y las técnicas que se hayan seguido en cada producto en particular. En el caso de los vinos blancos, son aquellos cuyo origen se localiza en las uvas verdes o blancas, aunque también se pueden elaborar con uvas negras sin dejar que el mosto entre en contacto con su piel.
Cómo definir el color de un vino blanco
Para que puedas apreciar correctamente el color de un vino, lo primero que debes hacer es tener la copa medio llena, sosteniéndolo por el tallo o pie entre el pulgar y el índice, e inclinarla creando un ángulo de entre 30 y 45 grados. A continuación, observa el borde del líquido, es decir, la zona concreta en la que se une con el cristal, puesto que aquí el vino se muestra con un espesor menor y se hace más evidente su variedad cromática.
Ten en cuenta que la luz del lugar en el que te encuentres debe ser lo más clara posible, y si es natural, mucho mejor. Además, utiliza un fondo blanco para que no exista ningún elemento en la parte posterior que pueda entorpecer tu apreciación principal.
En este sentido, los catadores profesionales optan por manteles blancos en la mesa para poder disponer siempre de un fondo blanco cercano. En otras ocasiones, también basta con una simple hoja de papel blanco o una servilleta de tela.
Adjetivos para clasificar el color del vino blanco
Una vez realizado el proceso anterior, la definición visual de un vino blanco se puede llevar a cabo siguiendo los siguientes términos:
- Para concretar su color se emplean términos como incoloro, amarillo, verdoso, amarillo limón, amarillo paja, amarillo dorado o ámbar.
- En cuanto a la intensidad de un vino blanco, podemos decir que es muy alta, alta, media alta, media, media baja o baja.
- Y en lo que a su aspecto se refiere, el abanico de posibilidades es también muy amplio, con adjetivos como cristalino, brillante, claro, limpio, turbio, velado o mate, entre otros.
Color vinos blancos: matices en la observación
Tras contar con las condiciones adecuadas para la observación y emplear los adjetivos idóneos para cada tipo de vino blanco, también puedes completar el proceso con los siguientes matices y detalles más específicos. Toma nota:
- Los vinos blancos se oscurecen por diversos factores, aunque entre los más destacados se encuentran la oxidación por el calor, el exceso de luz, e incluso, su evolución en botella en ausencia de oxígeno. Además, estos vinos pueden adquirir un tono más ámbar por la cesión de colorante de la madera a partir de los cuatro meses de crianza. Como por ejemplo Josep Foraster blanc Selecció, una mezcla de Garnacha y Chardonnay, en la que parte del vino envejece unos meses en barrica.
- Si el caldo observado presenta un color blanco pálido y brillante con una espuma rápida, se trata de un vino joven, elaborado siguiendo las novedosas reglas y técnicas de la enología más actual. Se trata de una vendimia baja en azúcar y rica en ácidos, cómo Gegant del vi blanco de Jovani vins en Terra Alta.

- Si los reflejos de un vino blanco son verdosos, indican que su acidez es mayor, al margen de que las características propias de la variedad puedan aportar un tono amarillo con mayor o menor intensidad. Por ejemplo, la uva Chardonnay tiende más hacia el color amarillo, mientras que la Sauvignon blanc se inclina hacia tonos algo más pálidos.
