¿Qué es una cata horizontal y una cata vertical?

¿Qué es una cata horizontal y una cata vertical?


Como ya hemos comentado en anteriores entradas de nuestro blog, la conocida como cata o degustación de vinos se sitúa como el momento perfecto para que todos sus participantes puedan apreciar las cualidades de cada producto, al tiempo que recogen sus diferentes impresiones y asignan una determinada puntuación de forma individual.

Además, gracias al auge que ha experimentado la industria del vino en las últimas décadas, también existen catas formativas, turísticas y para clientes que no necesariamente tienen que ser expertos en la materia, sino que simplemente disfrutan de su consumo. Por tanto, resulta necesario diferenciar entre las catas de vinos profesionales y aquellas que se realizan específicamente para consumidores finales y aficionados.

En este sentido, si nos centramos en el aspecto profesional, la cata de vinos es un instrumento muy útil para las propias bodegas, puesto que a través de ella puede controlar el cumplimiento de la calidad en las diferentes fases de producción, así como la decisión y el modo de salida al mercado.

Sin embargo, no es el único entorno en el que este proceso se lleva a cabo. Por ejemplo, los viticultores también organizan catas con el objetivo de conocer el estado de la uva, en particular, o el viñedo, en general; y la mayoría de los distribuidores de vino, que también se animan a ello, en este caso, justo antes del embotellado y la puesta en marcha de todos los eslabones del modelo de venta.

¿Qué es una cata horizontal?

En primer lugar, resulta necesario conocer que una cata horizontal es aquella que consiste en catar varios vinos, de bodegas distintas, aunque con la condición de que sean de la misma añada y de la misma denominación de origen. Además, para su desarrollo se escogen aquellos que están elaborados con la misma variedad de uva.

El objetivo de este proceso está claro: analizar cómo ha evolucionado cada uno de ellos y de qué forma influye el microclima de cada bodega en la consecución de su sabor.

Generalmente, este tipo de catas suelen ser organizadas por los consejos reguladores para analizar si cada vino cumple con los requisitos formales establecidos previamente. No obstante, las propias bodegas también se unen a estas prácticas para compararse directamente con los vinos que elaboran el resto de empresas que compiten en su entorno más cercano.

En cuanto a su regularidad, se convocan periódicamente y para ello, se solicita a cada bodega una determinada cantidad de vino procedente de la cuba o bota, correspondiente a una añada concreta.

Cata vertical: ¿en qué consiste?

A diferencia de la anterior, su finalidad es catar las distintas añadas de un mismo vino. De este modo, al tener claro cuál ha sido el año de producción de cada botella, se puede establecer una relación acerca de cómo ha ido afectando, progresivamente, el clima a cada barrica, cuba o bota.

Por ejemplo, en una cata vertical se pueden probar los años 2003, 2004 y 2005 de un mismo vino, y a partir de ahí, se llega a la conclusión firme sobre la influencia de los diversos factores externos en relación con la calidad de cada añada.

Lo más habitual es que esta modalidad de cata sea solicitada por el Consejo Regulador, aunque también es la propia bodega la encargada de llevarla a cabo, sobre todo, si desea conocer aquellos aspectos que debe corregir para alcanzar los mejores resultados posibles.

En líneas generales, una cata vertical no se centra tanto en el sabor del vino, sino en aspectos mucho más técnicos. De hecho, los informes que se elaboran tras cada una de ellas son muy exhaustivos e incluyen información al detalle, con sumo detenimiento. Lo importante es que siempre se tenga claro cómo puede llegar a evolucionar cada vino en la propia botella y las mejoras necesarias en la forma de producción para alcanzar un producto de referencia.