
Desmontando mitos: las 5 grandes mentiras sobre el vino
No cabe duda de que el vino es uno de los productos más valorados por los consumidores desde tiempos remotos. En este sentido, quizás por este motivo, también cuenta con un gran número de informaciones falsas que ya forman parte de su propia historia, asociadas directamente a su esencia más característica.
Unas mentiras que se han asentado en el imaginario popular como verdades más que absolutas, aunque solo sea porque la tradición se encarga de reforzarlas progresivamente. Por tanto, estas falacias pueden, en muchas ocasiones, entorpecer el correcto disfrute de un buen vino.
Es cierto que, durante siglos, el vino estaba considerado como una bebida al alcance de unos pocos, aunque, en la actualidad, su consumo se ha democratizado. De este modo, resulta muy importante romper mitos y falsas creencias con el objetivo de sacar el máximo provecho a cada botella, sin necesidad de ser grandes expertos en la materia ni disponer de grandes cantidades de información previa. Toma nota y aprende a reconocer las siguientes grandes mentiras sobre el vino.
Siempre hay que servir el vino tinto a temperatura ambiente
No es cierto. Para que puedas apreciar todas las cualidades y las propiedades de esta completa bebida, el vino debe consumirse a la temperatura adecuada en cada caso. Por ejemplo, el vino tinto crianza tiene que rondar los 16℃, mientras que el tinto reserva sobre los 17℃ y el vino blanco, un poco menos, alrededor de los 8℃.
El vino tinto para la carne, el vino blanco para el pescado
Uno de los mitos más clásicos. Ante esta situación, la clave se encuentra en el maridaje. La idea es que puedas saborear al completo tanto el plato que vas a degustar, como el vino que vas a beber, y posteriormente, mezclar ambas elaboraciones y productos sin que el sabor de ninguna de ellas quede difuminado en tu paladar. El objetivo está claro: potenciar los sabores, no contrarrestarlos.
Lo más adecuado es combinar los platos de sabores intensos con vinos con cuerpo y aquellos que sean algo más light, con vinos más suaves. A día de hoy, la variedad en el mundo del vino es tal que es posible acompañar ciertas carnes, como la de pollo, con vinos blancos; y pescados con más potencia de matices en boca, como el atún, con vinos tintos.
Los vinos caros son los mejores, los baratos son malos
Otra de las mentiras por excelencia en lo que a vinos se refiere. El precio no es uno de los factores determinantes en la calidad final de un vino. Sí es verdad que, cuanto mayor sea su crianza, más elevado es su importe final en el mercado. Sin embargo, eso no significa que, por ejemplo, un vino joven o un crianza, que apenas han permanecido durante doce meses en barrica, sean de mala calidad. Nada más lejos de la realidad.
El vino engorda
Esta afirmación no es cierta. Es verdad que una copa de vino de 100 ml aporta unas 75 kcal aproximadamente, pero, sin embargo, las propias calorías no son las que engordan, sino la propia materia, o lo que es lo mismo, si estas se transforman en grasa o no. En otras palabras, la manera en que el organismo las procesa puede originar que esas calorías se absorban o se transformen de inmediato en energía.
Es conveniente dejar el vino abierto un rato antes de servirlo
Una información errónea que se encuentra muy extendida entre la sociedad. Los vinos que necesitan oxigenación antes de su consumo, se deben depositar en un decantador y desde ahí, ser servidos en la copa. De este modo, una mayor parte del vino permanece en contacto con el aire, algo que no sucede en una botella de boca más pequeña. Por tanto, no sirve de nada dejar abierto el vino unos minutos antes de apreciar sus aromas en la mesa.
